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Historia de lactancia


Salí del sanatorio con los pechos en llamas. Zoe se negaba a prenderse en el izquierdo y yo, inexperta, dejé de ofrecerlo.

Conforme pasaban las horas, conforme intentábamos asimilar el cacheteo a la rutina que supone la llegada de un nuevo integrante al hogar, las tetas se volvían rocas.

Me sofocaba la culpa de padecer hasta las lágrimas un acto que debía ser natural y bello. Me pesaban los discursos románticos en torno a lactancias perfectas.
Abracé mi realidad y yo, inexperta, naturalice el dolor.

Hundí las tetas en agua con sal, me unté cuanto preparado magistral y pócimas milenarias recomendaban en foros de dudosa autoría.
La información al alcance de un clic es mucha. Proporcionalmente, la desinformación también lo es.

Regresar al mundo laboral con un bebé que nos despide en casa es un trago amargo. Adoptar el hábito de enchufarnos a un extractor, encomendándonos a los dioses para lograr unos mililitros dignos para sostener nuestra ausencia, no es divertido. Es tedioso.

Fui privilegiada por disponer de un lactario, mi pequeño santuario durante meses.Todo empleador debería preocuparse por facilitarle a la mamá recién incorporada un espacio cuidadoso de la intimidad. No por ley, por humanidad.

Nos llevó meses construir una historia de lactancia digna de recuerdo. Juntas, mi hija y yo, sorteamos los obstáculos y el camino transitado ha sido de lo más bello que me obsequió la maternidad.

Por estos días, dos años y medio más tarde, vivenciamos juntas el final del recorrido.
Ya no es la teta la que calma, la que abriga y duerme.
Es mamá, siempre fue mamá.

Apaguemos las voces que se cuelan sin permiso en nuestros escotes, que enjuician decisiones e invalidan emociones.

Mamá nutre con su leche, pero mamá también nutre con el calor de sus miradas, los abrazos sostenidos que ahuyentan malos sueños, con el tiempo donado y con la entrega desmedida del cuerpo cansado.

No existe una única historia de lactancia válida. Todas lo son, a su manera.

Cada diada bosqueja sus propias líneas y establece sus propios plazos.

Abrazá tu historia, sea cual fuere.

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