¡A comer!

Viví el inicio de la alimentación complementaria (AC) de mi hija con ansiedad y entusiasmo, sensaciones que me acompañan en cada nuevo paso que transitamos juntas en su conocimiento del mundo.

Gracias a la vida – porque no creo tener mérito en esta lotería y dedocracia de la cigüeña – fui bendecida con una bebé que ama comer. Con sus flamantes 6 meses, plantó cuchara frente a la calabaza hervida y arrasó el plato con hambre voraz. No hubo fórmulas mágicas ni técnicas especiales.

Si estás próxima a dar inicio a la alimentación complementaria, te compartimos algunos datos que pueden ser de utilidad:

El siguiente cuadro orientativo sobre incorporación de los alimentos pertenece al Comité de Lactancia Materna y Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría (noviembre 2018).


Además de este cronograma, te contamos también:

    Regulá tus expectativas:

  • La AC es pura exploración y aprendizaje. La leche materna o fórmula seguirá siendo, hasta el año de vida, su fuente de alimentación principal.
  • NO fuerces: Confiá en su capacidad de autoregulación, una habilidad que los adultos hemos perdido. Respetá sus señales de saciedad aunque creas que «comió poco».
  • No sucumbas ante la negativa de tu retoño/a y, desesperada, ofrezcas únicamente lo que come: fideítos al por mayor. Es un camino difícil de deshacer.
  • Armá una rutina y ofrecé la comida todos los días más o menos a la misma hora e integrá a tu bebés la mesa familiar.
  • Adoptá el MÉTODO que te deje más tranquila.
  • Apagá las pantallas, reducí los estímulos que puedan distraer. La alimentación debe ser un acto consciente.
  • Comenzá simple. Un alimento a la vez, para que experimente los sabores individuales.
  • Respetá la libre demanda y no dejes a tu bebé sin tomar la teta para que “llegue con más hambre” a la comida. Aún no es consciente de que los alimentos «alimentan» y quiźas monte un escándalo.
  • Permití que se ensucien. ¡Fomentá su autonomía!
  • No conviertas a la comida en un premio/castigo. Sin querer, establecemos una asociación positiva entre una comida que puede ser poco sana y un buen comportamiento.
  • NO hay unas frutas mejores que otras para comenzar, la decisión dependerá de los gustos de la familia.
  • El gusto por los diferentes sabores (dulce, salado, ácido y amargo) se forja desde temprana edad. Si acostumbramos al paladar a sabores ácidos, como algunas frutas, o amargos, como algunas verduras, su consumo será mayor a lo largo de la vida
  • ¡No te cases con las papillas! Se recomienda aumentar progresivamente la consistencia de los alimentos y comenzar con texturas grumosas y semisólidas lo antes posible, nunca más tarde de los 8-9 meses.
  • A los 12 meses, el lactante ya puede consumir el mismo tipo de alimentos que el resto de la familia, aunque teniendo especial cuidado con los sólidos con riesgo de atragantamiento, como los frutos secos enteros.
  • Respetar los signos de hambre y saciedad: Los padres deciden dónde, cuando y qué come el niño. El niño decide cuánto come.
  • Al iniciar la alimentación complementaria, se pueden ofrecer cereales en diversos formatos, dando preferencia a las harinas integrales.
  • Alergias. ¡Este tema merece un aparato especial!

De acuerdo con las recomendaciones para la alimentación complementaria (AI) del Comité de Lactancia Materna y del Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría, actualmente, NO hay evidencia científica que demuestre que el retrasar la introducción de alimentos potencialmente alergénicos más allá de los 6 meses prevenga el desarrollo de alergia a estos.

Por el contrario, hay estudios que sugieren que la introducción precoz en pequeñas cantidades podría incluso disminuir la aparición posterior de alergia, porque «obliga» al sistema inmunológico a crear tolerancias. Al menos que exista alguna causa médica que lo justifique o antecedentes familiares, desde luego.

Cabe destacar que se ha llegado a estas conclusiones hace relativamente poco. La tendencia que dominó los últimos 20 años fue la de evitar estrictamente aquellos alimentos susceptibles de provocar alergias: huevo, legumbres, pescado, frutos rojos, frutos secos, trigo. De aquí que algunos pediatras parecieran no ponerse de acuerdo.

Se sugiere ir introduciendo cada alimento de manera progresiva y de uno en uno para detectar alguna reacción, sobre todo cuando existen antecedentes genéticos familiares.

Algunas observaciones extras:

  • Recuerden que la leche materna es el principal alimento que protege al bebé de la aparición de alergias alimentarias en los primeros años de vida.
  • Los frutos secos no deben ofrecerse enteros por el riesgo de asfixia. Pero sí en pasta o bien triturados (pasta de maní).
  • Evitar los pescados (atún, por ejemplo) que pueden tener alto contenido de mercurio.
  • Aunque no se relaciona puntualmente con las alergias, la incorporación de acelga y espinaca también suele generar dudas. Así que una pequeña mención al respecto:
  • Se recomienda evitar durante el primer año de vida las verduras de hoja verde con alto contenido en nitratos. En el caso de introducirlas en la alimentación, deben representar menos del 20% del contenido total del plato. En los niños mayores, hasta los 3 años, conviene no dar más allá de una ración diaria de estos vegetales.

Qué alimentos NO ofrecer:

  • Miel
  • Embutidos
  • Galletitas industriales
  • Carne picada
  • Gaseosas y jugos industriales. Limitar los exprimidos.
  • Alimentos enlatados (por el sodio)
  • Té de yuyos
  • Alimentos que pueden aspirarse fácilmente por las vías áreas (maní, tutuca, etc).
  • Sal y azúcar agregados

Y QUÉ ALIMENTOS NO OFRECER CRUDOS:

  • CARNES
    De vaca, de pollo, pescado, cerdo. Siempre bien cocidas, de esa forma disminuimos el riesgo
    de toxiinfecciones alimentarias ya que eliminamos las bacterias que se transmiten por estos
    alimentos crudos y pueden provocar enfermedades. Hay que tener especial cuidado de no perder la cadena de frío y evitar la contaminación cruzada, es decir, el contacto de alimentos crudos con otros ya cocidos, primordial para mantener los patógenos alejados.
    IMPORTANTE: No uses jamás las mismas tablas para cortar verduras y carnes
  • HUEVOS
    Siempre bien cocidos, lo ideal es que «se pase» de cocción.
    12 minutos si lo vas a hacer duro, para quedarnos tranquilos. Prestá mucha atención en las preparaciones que llevan huevo, tienen que quedar bien sequitos.
  • ZANAHORIA, MANZANA y PERA (en trozos para BLW)
    No se ofrecen crudos a tu bebé en el inicio de su alimentación por el riesgo de atragantamiento. Recordá que cualquier alimento tiene que tener una textura ideal para que pueda deshacerlo con sus encías con facilidad. La pera podés dársela cruda sólo si está bien madura.

No te frustres ante la negativa del pequeño comensal

El rechazo a un alimento puede ser una reacción de oposición al alimento en sí, o bien de rechazo a las circunstancias en que le es ofrecida la comida, incluyendo a la persona encargada de ofrecérsela.

Esto explica por qué, en ocasiones, se muestran receptivos ante determinados platos y otras veces se niegan olímpicamente, aunque se trate de lo mismo. Me ha sucedido, también, que mi hija se niegue a comer conmigo pero sí accedió con el papá, o viceversa.

No descartes rápidamente alimentos porque “no le gustan”. El aprendizaje de los sabores se consigue mediante la exposición reiterada (unas 10 o 15 veces). Hay que insistir, pero sin olvidar que todos tenemos algún alimento que, sencillamente, no nos gusta.

Apelá a la creatividad y transformá la apariencia y textura de aquellos alimentos a los que tu hija/o se muestre indiferente. En otras palabras: OPCIONES (manzana rallada, en compota, asada, al vapor, convertida en panqueque o galletita casera).

¡Buen provecho!

Escrito por Tefi Toretti

@lostalleresdemama

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