Lo que nunca te contaron sobre la maternidad


La maternidad es…

Errar para aprender

Todo es difícil antes de ser fácil. El tiempo te volverá experta en aquello que hoy te arranca suspiros y te evidencia primeriza a cuadras de distancia. Y cuando al fin arañes la gloria, cuando comiences a tararear la victoria… entonces, solo entonces, un nuevo desafío maternal te pinchará el ego y te recordará que la perfección es tan solo una bonita ilusión.


Tener mas dudas que certezas

Si debiera pagar por cada búsqueda en Google, definitivamente, tendría la casa hipotecada. La maternidad es una invitación permanente a repensarnos, a indagar y cuestionar, a transitar terrenos endebles.

Es absolutamente normal e inevitable que la maternidad despierte en nosotras interrogantes de todos los colores con los que debamos batallar a diario. Dudas es sano; que nadie te arrebate ese privilegio.


Pulir el instinto y sentido común

Huí de aquellas redes o personas que, en un afán evangelizador, sostengan fundamentalismos que te hagan sentir que, sin importar cuánto te esfuerces, nunca serás lo suficientemente buena.

La mejor brújula es tu instinto puro de mamífera. No existen mandatos inquebrantables ni una única forma posible de maternar como si de matemáticas se tratara. La mejor manera es a tu manera, porque aun cuando te equivoques, y va a suceder en incontables ocasiones, tendrás la paz de saber que hiciste lo mejor que podías, como podías.⁣⁣⁣⁣


Entender que no todo siempre tiene una explicación

La humanidad (la maternidad, que es nuestro micromundo) exige respuestas, de la misma forma en la que aclama por fórmulas infalibles cuando la melodía no suena tan bonita. Cuando algo se desajusta, es común -y casi obligatorio- rastrear motivos, como si identificar alguna posible causa nos refrescara la energía.

¿Será algún diente por asomar, alguna fase de sueño que se incorpora, muy abrigada, muy desabrigada, cólicos, la crisis del primer mes, el tercero, el octavo, el décimo noveno, el vecino que hace ruido, el perro que ladra, la puerta que rechina, el astro que se desalinea y la mar en coche?

El ser humano es un sistema complejo y encontrar una respuesta certera para todo puede ser una búsqueda agotadora. A veces, querida amiga, despojarnos del deber autoimpuesto de categorizar todas las situaciones quita peso, trae calma. Transitoria, fugaz, frágil. Calma al fin. ⁣

Regalar presencia. Donar el cuerpo

En una sociedad signada por los mandatos y slogans comerciales, hoy sabemos que los bebés y niños/as necesitan ver caras, la de su madre, la de la gente cercana. Necesitan ser besados, acariciados, contenidos cuando el llanto los invade, alzados, sostenidos en sus miedos y emociones. No necesitan juguetes sofisticados ni luces estridentes.

Necesitan que les enseñemos y expliquemos el mundo a través de las palabras, de miradas sentidas. Necesitan tiempo compartido y la oportunidad de moverse, explorar y observar con curiosidad la naturaliza. No necesitan pantallas gigantescas o aprender a leer a los 4 años ni hacer cálculos matemáticos a corta edad.

Entregarse a una montaña rusa de emociones


No está mal desearte en una isla recóndita. No está mal alimentar tu ambición profesional, tu vida social. Sos mamá y cantás La Vaca Lola con entusiasmo y buen ritmo, pero también sos mujer que gusta de buenas charlas, comida caliente y los corpiños que levantan hasta el espíritu.

Traer un hijo al mundo es un verdadero cimbronazo, una ráfaga repentina que despeina los sentidos, reacomoda prioridades de un cachetazo y revoluciona hasta la porción más adormecida de nuestra existencia. ⁣


Permitite sentir lo que sea que sientas y dejá la maternidad romantizada para las tapas de revistas.

Somos las mejores mamás que podemos construir, aun cometiendo errores y volanteando sobre la marcha.

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