La búsqueda del embarazo

Como menganita, como fulanita. Como Florencia Peña

Que la cigüeña respondiera a mi insistente llamado nos tomó un año. Creo.
Quizás fue menos. Creo. La percepción del tiempo se distorsiona cuando la ansiedad invade, carcome.

Para aquel entonces, en 2017, fulanita, menganita y la vecina de la vuelta se embarazaron en un suspiro. Bastaba con que el espíritu santo sobrevolara cerquita para que los positivos se multiplicaran a mi alrededor.
En la tele, algunas figuritas de turno anunciaban estar en la dulce espera.

Le mentí a mi ginecólogo: le dije que hacía año y medio lo intentaba sin éxito. Me mandó controles de rutina que, un mes más tarde, arrojaron irregularidades. Algunos valores extraños lo alarmaron y me derivó a una especialista en fertilidad.

Mi mamá tardó cinco años en concebirme, en épocas en las que los tratamientos eran rudimentarios y costosos. Algo en mí sentía que estaba predestinada a repetir la historia, como una maldición heredada generación tras generación.

Claro que lloré. Y cómo.  Lloré con el cuerpo, lloré por lo que se vendría. Me sentía una pieza fallada, incompleta.

La doctora se negaba a medicarme. Habíamos comenzado una serie de estudios para entender por qué mis hormonas parecían no responder a mi edad. Los folículos no alcanzaban el tamaño adecuado en el momento acorde. 
Pero no quería medicarme. Quería documentar cómo reaccionaba naturalmente mi cuerpo antes de pasar a la estimulación hormonal. 
Un mes más, otro mes más, una eternidad. La percepción del tiempo.

Para aquellos días, Florencia Peña anunció su embarazo. Y yo la odié.

Estaba enojada. 
Enojada con el ginecólogo que no advirtió antes la situación, enojada con la doctora que dilataba el tratamiento, enojada conmigo, enojada con cada mujer que osara embarazarse, enojada con Florencia Peña.

Los primeros días de julio, en la revisión quincenal, la doctora decretó: «Bueno, este mes
hacete la idea de que no»

Ese mes dejé de tomar el ácido fólico. 
Ese mes borré el calendario que religiosamente revisaba día tras día.
Ese mes tuve un par de fiestas. Bailé, tomé, olvidé.
Ese mes falleció Panchita, nuestra mascota.
Ese mes, por primera vez en mucho tiempo, no pensé. No me enojé. No nada.
Ese mes quedé embarazada.
Como menganita y fulanita.
Como Florencia Peña.

¿Cómo fue la búsqueda de tu positivo?
¿Cómo te enteraste que estabas embarazada?

Escrito por Tefi Toretti

@lostalleresdemama

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